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  • La Inigualable

La vida está llena de colores. ¿Cuál es el tuyo?

Rosa para la vida ideal, rojo para el amor, azul para la tranquilidad, gris si estoy triste o deprimido, negro para el rencor y todo lo malo que me sucede, amarillo para sonreír, naranja para explorar o demostrar la ira, morado para lidiar con el duelo, verde para no dejar ir la esperanza, blanco para la paz, la serenidad y sacar lo más bondadoso y puro de tu ser.

Como has podido leer, en la vida (y sin haberlo pedido), hemos dado un color para manejar o comparar cada una de nuestras emociones; sin embargo, nadie ha dicho el porqué ese color debe representarlo, hemos sido nosotros como sociedad, quienes le hemos “etiquetado” de esa manera.


Si te dijera en este momento que el rosa representa también dolor, quizá pensarías que estoy loco; de igual manera si te digo que el blanco puede ser maldad pura, me dirías que no, pero… ¿y porque?


Tal vez suene complicado decirlo, pero los colores en sí mismos no representan absolutamente nada, son abstractos, y dentro de sus matices y variantes, son cálidos o fríos. Somos nosotros quienes a través y por la necesidad de buscar y encontrar el significado de las cosas, hemos dado por hecho lo qué tal o cual cosa debe representar. Ahora bien, de mi depende los colores que deseo tener en mi vida y claro, lo más importante aún, qué colores quiero regalar al mundo, a mi entorno, iniciando siempre conmigo.


Te invito a que hagas un pequeño ejercicio, imagina la vida que quieres tener y los colores que quieres que haya en ella. Trata de colocar también los colores que no quieres; después de ello, organízalos y dales la prioridad que deseas que tengan en tu vida. Listo! Terminaste? Apuesto lo que quieras que has colocado las emociones y los sentimientos “buenos” por delante, aunque con poca dificultad. Y apuesto aún el doble de hace un instante para asegurar que los sentimientos “negativos” tardaste más en colocarlos, y es por una simple y sencilla razón, nadie quiere cosas malas en su vida. Conclusión: no des u ofrezcas a los demás, los colores que tú no quieres en tu vida.


Artículo original redactado por Elvis Santiago Ochoa

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